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Este blog tiene como único fin presentar artículos traducidos al español públicados por la Soka Gakkai Internacional y/o Daisaku Ikeda, Presidente de dicha organización. Este espacio no publica ni produce contenidos propios, solo es un intento de hacer llegar a hispanoparlantes los contenidos publicados por dicha organización originalmente en inglés. En cada artículo traducido, se incluirá la referencia al artículo original para que pueda constatarse el origen de dicha información.

jueves, 22 de mayo de 2014

Hacia una Nueva Forma de Ser, por Daisaku Ikeda

Artículo publicado en http://www.sgiquarterly.org/feature2006Apr-7.html

Durante la mayor parte de la existencia de la humanidad, estimada en 4 millones de años, no fuimos más que una especie animal más, un elemento más de la ecología de la Tierra. Sólo en los últimos milenios los seres humanos han desarrollado el tipo de capacidades intelectuales lo suficientemente sofisticadas como para hacer cambios significativos en los sistemas naturales del planeta.

Hoy en día, junto con sus muchos aspectos positivos, los impactos negativos de la civilización científico-tecnológica se pueden ver a escala global. La humanidad se enfrenta ahora al reto de desarrollar una relación nueva y muy diferente con su entorno natural: una relación de coexistencia consciente. Si fallamos, podríamos poner en peligro nuestra propia supervivencia.


Una Creación en Curso

El Budismo afirma que la vida interior del individuo se corresponde en su inmensidad con el "cosmos exterior" del mundo fenoménico. Este mundo interior vibra con la energía ilimitada de la compasión, el amor, la sabiduría, la razón, así como también la de diversas emociones, impulsos y deseos. Cada instante, esta energía se manifiesta desde el interior para crear, en interacción con el cosmos que habitamos, un nuevo yo, un nuevo mundo. Cuando nuestro cosmos interior está en armonía dinámica, su energía creativa se comunica al mundo en olas de alegría, encontrando su expresión concreta en acciones guiadas por la razón, la sabiduría y la compasión. Por el contrario, cuando el cosmos interno pierde su ritmo esencial, su energía toma formas destructivas, agresivas o dominantes, como la codicia y otros impulsos oscuros. La vida interior en esos momentos es un desierto desolado. La desertificación externa del planeta se corresponde precisamente con la desertificación espiritual de la vida interior.

La forma en que nos relacionamos con nosotros mismos (nuestra vida interior) está íntimamente ligada a la forma en que nos relacionamos con nuestros semejantes (nuestra vida social), y esto está inextricablemente ligado a la forma en que nos relacionamos con el mundo natural. Las personas cuyos mundos interiores están despojados y desolados, caen con facilidad en el tipo de egocentrismo que inevitablemente se manifiesta en actos de dominación, explotación y destrucción en los ámbitos sociales y naturales.

Pero lo inverso es igualmente cierto. Por la naturaleza íntima y mutuamente interactiva de la ecología de la Tierra, la sociedad humana y la vida interior del individuo,  la influencia armonizadora de la compasión y la sabiduría surgidas del interior del individuo pueden tener un positivo efecto transformador incluso en problemas de escala planetaria. La clave y el pivote para la transformación es la voluntad consciente en las profundidades de la vida del individuo.


La Vida y su Entorno

Enfocándose en primer lugar en nuestra vida interior (nuestra relación con nosotros mismos) el Budismo descubre e ilumina la ley de causalidad que rige los procesos mediante los cuales se gravan los patrones positivos (creativo) y negativos (destructivos); y como las energías potenciales se almacenan en los lugares más profundos de nuestras vidas. Al mismo tiempo, el Budismo tiene como objetivo sacar afuera la luz de la sabiduría humana para revelar y extraer la original, verdadera naturaleza, y las posibilidades más creativas de todos los fenómenos, incluyendo las culturas y las sociedades humanas.

Un Parque en Moscú, 1994 [Daisaku Ikeda]

El mundo de los fenómenos constituye una gran red de elementos superpuestos y mutuamente interactivos, tejidos a través de los hilos de la causalidad. Esta red de relaciones mutuas se extiende hacia fuera hasta abarcar los límites más lejanos del universo. De este modo, el Budismo considera que todos los fenómenos del universo (no sólo aquello que esta explícita y biológicamente vivo) como parte integral de la vida, como algo "vivo".

En 1903, Tsunesaburo Makiguchi (1871-1944), el presidente fundador de la Soka Gakkai, escribió un análisis de la relación entre las personas y las geografías que habitan. En primer lugar, él observó que los seres humanos se relacionan tanto física como espiritualmente con su entorno. Luego clasificó las interacciones espirituales en modalidades cognitivas, analíticas y utilitarias, así como también formas estéticas, morales, simpáticas, políticas y religiosas de interrelacionarse con el mundo natural. En un pasaje que trata sobre nuestras relaciones simpáticas con la naturaleza, escribe: "La montaña que hasta ahora se alzaba como algo distinto y separado es reconocida como una parte del mundo, al igual que yo, con lo cual existe una relación mutua entre ambos. La montaña se convierte en un ser sintiente, y nuestras relaciones con ella lo reflejan. El ‘Yo’ se convierte en uno con la montaña, compartiendo sus penas y alegrías y experimentando su destino”.

Durante la mayor parte de nuestra historia como especie, los seres humanos hemos considerado a la naturaleza con intensos sentimientos de temor por su poder, y gratitud por sus ilimitadas bendiciones. El progreso de la tecnología científica, sin embargo, ha embotado tales sentimientos, y hemos llegado a considerar a la naturaleza como un ámbito externo a nosotros, objetivado; un ámbito a ser dominado y vencido por el bien de nuestra prosperidad material. La visión que Makiguchi tenía acerca de una ecología humana-natural, consistía en una de convivencia asociativa o cooperativa dentro de la gran fuerza vital universal.


La Misión de la Humanidad

Aceptando de la validez de las interacciones prácticas o utilitarias entre los socios (nuestro "uso" de la naturaleza y el "uso" que la naturaleza hace de nosotros), Makiguchi describe una red de interacciones de múltiples niveles, afirmando el sentido y la importancia de cada una de nuestras diversas formas de interrelacionarnos con nuestro entorno. Entre ellas, la religión puede actuar fortaleciendo la capacidad humana de encontrarse con la naturaleza, con un profundo sentimiento de asombro y alegría por las obras creativas del universo.

El estado de nuestro entorno puede ser entendido como la sombra proyectada por el "cuerpo", que es la entidad viva (nosotros mismos). Sin el cuerpo no hay sombra. Una entidad viva y su medio ambiente son inseparables. Sin dejar de reconocer la influencia del medio ambiente en nuestras vidas, el Budismo se refiere principalmente a los seres humanos como los protagonistas de un cambio positivo. El budismo nos anima a desarrollar una conciencia global e inspira nuestro sentido de responsabilidad particular de proteger y armonizar todas las formas de vida. Nuestro rol y nuestra misión en relación con otros seres vivos, es contribuir a la creación de valor dentro de la biosfera de la Tierra.

Desde una perspectiva evolutiva, se podría decir que la auto-conciencia de la humanidad nos da un lugar especial en la evolución física, química y biológica que ha estado en marcha por 14 millones de años desde el Big Bang. El ser humano es capaz de percibir los ritmos y las leyes (específicamente la ley de causa y efecto) que guían el crecimiento y el desarrollo de los sistemas naturales. En este sentido, la misión de los seres humanos es contribuir como participantes conscientes de la evolución creativa del universo.

Cuando un sentido claro de esta elevada misión de forma y dirija todos nuestros esfuerzos en los campos de la ciencia y la tecnología, en los sistemas sociales, políticos y económicos, descubriremos una enfoque verdaderamente humano (en el mejor sentido de la palabra) para resolver los numerosos problemas y desafíos a los que nos enfrentamos.

Hokkaido [Daisaku Ikeda]

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